Es una situación habitual en la Gran Manzana: de forma inesperada, un viejo edificio residencial es vendido a un consorcio inmobiliario que procede a su reparación, mejorando su aspecto y algunos servicios. Lo que sucede a continuación es predecible: un considerable incremento de la renta para los residentes, quienes en algunos casos llevan décadas habitando la misma unidad y se ven obligados a desalojar al resultarles imposible afrontar los nuevos costos.
“Hemos visto caso de ancianos que han estado 30 años en un apartamento y el nuevo dueño del edificio por pintar, cambiar las baldosas de la entrada y hacer arreglos menores le ha aumentado de un solo golpe $600 en el próximo contrato, porque supuestamente la edificación es de lujo” contó Adelaida Pérez una activista en Brooklyn por los derechos de los inquilinos.
Este esquema de especulación inmobiliaria le está poniendo “más sal a la profunda herida” de la espantosa crisis de vivienda que enfrenta la Ciudad de Nueva York, pero a través de un proyecto legislativo local, denominado Ley de Oportunidad Comunitaria para la Compra (COPA) se abre la puerta para que organizaciones sin fines de lucro, como los fideicomisos de tierras comunitarias y las corporaciones de desarrollo comunitario tengan la primera oportunidad de comprar edificios multifamiliares cuando los propietarios lo pongan en el mercado.
Esta legislación ya cuenta con el respaldo de la mayoría demócrata en el Concejo Municipal y podría pasar en cuestión de semanas.
