Para muchos consultados en 108 minutos no escucharon nada que se parezca al país en donde viven. Otros aplauden los avances del mandatario en lo económico
El presidente Donald Trump pronunció su Discurso del Estado de la Unión 2026 dejando claro que no cederá ni un milímetro en su política anti inmigratoria, habló de logros “extraordinarios” en lo económico describiendo el regreso de una “era dorada” en donde se ha controlado como nunca la inflación y creado miles de empleos. Y reforzó su idea de avanzar en reforzar la solicitud de identificación a los votantes en las próximas elecciones de medio término.
Pero en las calles de la Gran Manzana, más allá de las predecibles trincheras del pensamiento partidista, para muchos consultados, ese “país maravilloso” que describió el mandatario en su discurso de 108 minutos, es un lugar imaginario que ellos no palpan. Y además padecen.
Para otros, dicha intervención ante el Congreso, donde además se celebraron las intervenciones militares internacionales ejecutadas en los últimos meses, es un signo de que Estados Unidos está siendo nuevamente respetado, luego de que la anterior Administración de Biden supuestamente abriera las fronteras, como reiteró Trump varias veces en su mensaje.
“Trump salió a decir mentiras de un progreso y de unos avances que solo lo viven sus amigos millonarios. Pero la verdad es que aquí la clase trabajadora en Nueva York apenas le alcanza para comer. Además, con la persecución a los migrantes, lo que ha hecho es destruir la economía”, comentó el puertorriqueño Luis Azuaje, el superintendente de un condominio en Manhattan.
En el mismo edificio, el handyman dominicano, Jesús Henriquez piensa lo contrario y se alinea con cada palabra pronunciada por el inquilino de la Casa Blanca: “Esto era antes un relajo, por la frontera pasaba quien le daba la gana. Y entonces a los recién llegados le daban beneficios que a mí con 35 años aquí no he recibido. Yo sí creo que el país está siendo grande otra vez. ¿Acaso el precio de la gasolina no bajó? ¿Acaso la renta y la comida aumentó porque regresó Trump?”.
Otra migrante isleña, Gladys Sifontes, dedicada al cuidado infantil, muestra una postura intermedia: “no podemos poner a Trump en un altar, pero tampoco tirarlo por completo a los leones. Hay cosas de él que detesto y otras que aplaudo. Lo que te digo es que aquí en Nueva York las cosas vienen mal para los pobres, desde hace muchos años“.
